UNIVERSIDAD DE LA REPÚBLICA   FACULTAD DE ARQUITECTURA


REGIONAL NORTE - SEMINARIO INICIAL AÑO 2003


LA UNIVERSIDAD DE LA REPÚBLICA



UN POCO DE HISTORIA



Corre el año 1833. Fructuoso Rivera es el primer Presidente del nuevo Estado, la República Oriental del Uruguay, nacida tan solo tres años atrás. El senador por Montevideo y sacerdote católico Dr. Dámaso Antonio Larrañaga ha presentado el proyecto de ley de un plan universitario que crea nueve cátedras y que es sancionado el 11 de junio por la Asamblea Legislativa. (Al nacer el país tiene alrededor de 74.000 habitantes, de los cuales no más de un cuarto vive en la capital y el resto en los ocho departamentos del interior: Paysandú, Soriano, Colonia, Durazno, San José, Canelones, Cerro Largo y Maldonado.) El 27 de mayo de 1838 esa ley comienza a cumplirse al decretar el Presidente Oribe el acto fundacional de la Universidad Mayor de la República. El proyecto de Ley Orgánica remitido a la Asamblea recoge “las disposiciones vigentes en las Universidades de Buenos Aires, Viena, Pavia, Francia y Reino Unido de Inglaterra” y ordena los estudios en Ciencias Filosóficas, Médicas, Jurídico-Legales y Sagradas. Este proceso fundacional culmina el 15 de julio de 1849 siendo Presidente del Gobierno de la Defensa Joaquín Suárez:

   

   En virtud de lo dispuesto en la ley de 8 de junio de 1833, y decreto de 27 de mayo de 1838, el Poder Ejecutivo acuerda y decreta:


   Artículo 1º. La Universidad de la República se inaugurará e instalará solemnemente el 18 del corriente.


   2º. La dirección y administración de la Universidad estará a cargo de un Rector, un Vice, un Secretario bedel y un Consejo Universitario, en el modo y forma que establecerá el Reglamento respectivo; y será regida y gobernada bajo la superintendencia de Ministro Secretario de Estado en el Departamento de Gobierno.


   3º. El Instituto de Instrucción Pública formará parte del cuerpo universitario; y sus miembros fundadores con los catedráticos de la Universidad compondrán el consejo a que se refiere el artículo anterior y que presidirá el Rector o Vice en su defecto.  


   4º. Inaugurada la Universidad, el Rector con el Consejo Universitario, se ocupará inmediatamente de la formación del Reglamento, y lo someterá sin demora a la aprobación del Gobierno.


   El 18 de julio es la fecha de la Jura de la Constitución pero también lo es de la inauguración de nuestra Universidad, en la Iglesia de San Ignacio. Su primer rector es el presbítero Lorenzo Fernández. En esa oportunidad Joaquín Suárez señala:


   Este acto decretado ha más de once años tiene lugar en los más críticos y solemnes momentos de la República. La Providencia ha querido reservarme ese honor y esa satisfacción. Ella es una de las más gratas a mi corazón. La posteridad sin duda colocará ese acto entre los más preciosos monumentos del sitio de Montevideo.


   El país está en plena Guerra Grande, comenzada en 1939 y que se extenderá hasta la Paz de Octubre de 1851 sin -supuestamente- vencidos ni vencedores. El 4 de agosto sesiona por primera vez el Consejo Universitario y el 28 de setiembre se aprueba el Reglamento y el Plan de Estudios. Allí se establece que


La Universidad de la República abraza toda la enseñanza pública que en esta se da, y se divide en enseñanza primaria, Enseñanza secundaria y enseñanza científica y profesional.


El nacimiento de la Universidad está marcado entonces, por hechos trascendentes:



Esta es pues, 1833-1849, la primera etapa o fundacional de nuestra Universidad, a la que seguirán las siguientes:




      Una nueva Universidad insurge en la década del 80 con un sentido predominantemente utilitario y profesionalista, en momentos en que el país reajusta su fisonomía y consolida subestructuras materiales alteradas por una prolongada crisis. La coyuntura de 1885… , marca por lo pronto, el comienzo de la hegemonía del positivismo universitario.





Artículo 1º. Régimen general. La Universidad de la República es una persona jurídica, pública, que funcionará como Ente Autónomo, de acuerdo con las disposiciones pertinentes de la Constitución, esta Ley Orgánica y demás leyes, y los reglamentos que la misma dicte.


Art. 2º. Fines de la Universidad. La Universidad tendrá a su cargo la enseñanza pública superior en todos los planos de la cultura, la enseñanza artística, la habilitación para el ejercicio de las profesiones científicas y el ejercicio de las demás funciones que la ley encomiende.

   Le incumbe asimismo, a través de todos sus órganos, en sus respectivas competencias, acrecentar, difundir y defender la cultura, impulsar y proteger la investigación científica y las actividades artísticas, y contribuir al estudio de los problemas de interés general y propender a su comprensión pública; defender los valores morales y los principios de justicia, libertad, bienestar social, los derechos de la persona humana y la forma democrático-republicana de gobierno.


Art. 3º. Libertad de opinión. La libertad de cátedra es un derecho inherente a los miembros del personal docente de la Universidad. Se reconoce  asimismo a los órdenes universitarios, y personalmente a cada uno de sus integrantes, el derecho a la más amplia libertad de opinión y crítica en todos los temas, incluso aquellos que hayan sido objeto de pronunciamientos expresos por las autoridades universitarias.


Art. 4º. Integración de la Universidad. La Universidad estará integrada por las Facultades, Institutos y Servicios que la constituyen actualmente o se creen o se le incorporen en el futuro.


Art. 5º. Autonomía. La Universidad se desenvolverá, en todos los aspectos de su actividad, con la más amplia autonomía.


Se hace referencia a las tres funciones básicas de la Universidad: enseñanza, investigación y extensión-asistencia. Se establece el co-gobierno de docentes, estudiantes y egresados tanto en el Consejo Directivo Central, Consejos de las Facultades, Asamblea General del Claustro y Asambleas del Claustro de las Facultades.


Se definen asimismo otros temas fundamentales como el ingreso y el ascenso de funcionarios por la vía del concurso y el funcionamiento del Hospital de Clínicas con Dirección propia, dependiente de la Facultad de Medicina.


En 1967 con el Rectorado del Ing. Oscar Maggiolo se elabora el “Plan de reestructuración de la Universidad” para analizar la política universitaria del siguiente quinquenio. En medio de la crisis económica que se agudiza a fines de esta década se producen enfrentamientos en la calle entre estudiantes y fuerzas de la represión como resultado de los cuales muere baleado por la espalda, el 14 de agosto de 1968, el primer estudiante universitario, Líber Arce. Una multitud acongojada participó de su sepelio y, en palabras de la Dra. Alba Roballo


En la acera te tumbaron

y rayos de estrellas negras

se partieron en la calle.

El pueblo que nada sabe

te llevó en brazos

distancias interminables

a los jardines marinos

del Buceo





TIEMPOS DE CAMBIO



¿Qué vamos a cambiar? ¿Y qué no vamos a cambiar? Contestemos a la primera pregunta: todo lo necesario para que la Universidad esté de acuerdo con el tiempo que debe vivir, en el espacio en el que debe vivir. Ese tiempo es el de la aceleración de los avances científicos y tecnológicos, la informática, el ADN, la biogenética, la vida hasta los 120 años. Pero también los desastres ambientales, la falta de trabajo, vivienda, salud y educación, la “catástrofe silenciosa” de la que habla UNICEF pues más de 40.000 niños menores de 5 años mueren cada día de desnutrición y enfermedades y más de 150 millones de niños sobreviven con problemas de salud y retraso en su crecimiento, la muerte de más de un millón y medio de niños en 10 años de guerras y también más de 4 millones físicamente discapacitados, 5 millones viviendo en campamentos de refugiados y 12 millones sin hogar.


¿Cómo no intentar cambiar desde aquí, desde este rincón del Sur olvidado y menospreciado a veces? Hace más de ochenta años, en 1921, el Dr. Dardo Regules había escrito en la revista Ariel:


   Lo que constituye la Universidad es la labor de alta cultura, de investigación y de orientación social que se realiza en todos sus centros de trabajo con el fin de “democratizar” la cultura y actuar sobre lo social por el análisis científico de sus problemas.


   Fuera del área del cotidiano profesionalismo, la Universidad debe pensar en el alma de la juventud que llega a sus claustros para realizar mañana su destino dentro de un país dado y frente a una inquietud espiritual determinada. Y debe pensar además más allá de esa juventud que llena sus aulas, en toda la sociedad que necesita una dirección y cuyos problemas e ideales tiene que encontrar en la Universidad la repercusión, el examen científico, y cuando se puede la solución razonable y posible …


   La Universidad debe dirigirse a estudiar el país, a discutir y analizar sus problemas, a marcar el rumbo social por el balance exacto de sus factores y la delineación de la trayectoria científica de su progreso. Y allí donde no pueda o no deba resolver los problemas debe plantearlos, agitarlos, preparar materiales para que se haga el libre y amplio examen social, que todo problema exige perentoriamente. Solo así la enseñanza se vincula a intereses vivos y palpitantes y la Universidad llena sus fines sociales irrenunciables.


Contestemos a la segunda pregunta (¿qué no vamos a cambiar?) recordando en primer lugar un episodio vinculado a un presidente uruguayo, Luis Batlle Berres quien, en la década del cincuenta en su tenaz búsqueda de nuevos mercados para la industria uruguaya entabló negociaciones con China continental. Algunos le preguntaron azorados -y erizados- “¿Y Ud. qué piensa venderle a los comunistas?” a lo que Don Luis contestó “De todo. Menos el alma”.


Nosotros, en la Universidad, podemos cambiar todo, menos el alma. Y el alma universitaria tiene tres partes: co-gobierno, autonomía y pluralismo.


El co-gobierno no lo podemos cambiar porque es lo que nos asegura el ejercicio pleno de la democracia universitaria, sin imposiciones de un orden sobre los otros, haciendo primar el interés colectivo por encima de los sectoriales, manteniendo una conquista que mucho esfuerzo costó porque significó jornadas de lucha en el Parlamento para aprobar la Ley Orgánica de 1958 y también en la calle con los universitarios movilizados para que la sociedad escuchara sus reclamos. Si afirmamos defender la forma democrático-republicana de gobierno desde el Art. 2º de esa Ley Orgánica bueno es que practiquemos esa democracia en cada momento en cada local universitario: en nuestras elecciones, en nuestras asambleas, en nuestras comisiones, en nuestras cotidianas reuniones.


No podemos renunciar a la autonomía porque ¡pobres de nosotros si quedáramos subordinados al poder político de turno! Adiós elección de Rector, Decanos y Consejeros. Vendrían los mimados del poder, unas veces llamados alcahuetes y otras amanuenses -que nunca faltan de los unos y los otros- a decirnos cómo debemos enseñar y aprender, a darnos la letra de la música que desde arriba les enseñaron. Ya lo vivimos durante la intervención: los mediocres se adueñaron de las aulas destrozando el tejido universitario. Mucho tiempo ha llevado zurcir las múltiples roturas, pero entre todos lo hemos hecho. Paris de Oddone recuerda que en 1883 el rector José Pedro Ramírez informaba al ministro de Gobierno:


   Aunque sometida la Universidad al Estado, debe conservar la dirección inmediata e la administración y la responsabilidad de sus actos; aunque subordinada al patronato de alguno de los ministros de Estado, debe ser presidida por un Consejo nacido de su seno, depositario de sus tradiciones protector de sus derechos y de sus miembros, para que sea, en vez de un resorte gubernativo, un medio de mejoramiento social, una corporación constituida por el sufragio y el concurso, una sociedad de hombres de ciencia que se identifiquen por altos propósitos, extraños completamente al flujo y reflujo de las pasiones políticas y a los intereses transitorios de las dominaciones personales a que están expuestas todavía las naciones mejor constituidas …


   Para la universidad, a cuyo frente me cabe el honor de encontrarme en estos momentos solemnes para su porvenir, es dogma indiscutible que todo lo que tiende a subordinarla a una inmediata dependencia del Poder Ejecutivo concurre eficazmente a su anulación y su atraso, y que solo sobre la base de su autonomía y su independencia, cada vez más garantidas, podrá con el concurso eficaz y oportuno del Estado, y a favor de una hábil dirección, llegar a realizar sus destinos. Esto mismo se ha enseñado en las aulas universitarias durante años consecutivos y a V. E. cupo el honor de ser tal vez el primero en enseñarlo.


No podemos renunciar al pluralismo, porque sin él seríamos un disciplinado conjunto de dogmáticos, fieles a una doctrina y temerosos de la visión distinta, de la opinión discrepante, de la lucha por las ideas y  con las ideas. Un universitario ejemplar lo ha expresado mejor que nosotros:


- ¿Cómo interpreta el tan mentado “pluralismo” dentro de la Universidad?

- Lo sostuvo siempre la vieja Universidad, nadie debe ser excluido por su orientación filosófica, ideológica o religiosa pero nadie tiene derecho a ser promovido por los supuestos méritos que tales orientaciones puedan darle. Primero debemos ser universitarios, y luego adherentes a tal o cual partido, religión, corriente filosófica, No hay que levantar falsas murallas, antagonismo, sectarismo que solamente hacen daño a una labor coherente y fecunda.


Entrevista a Domingo Carlevaro, primer director de Planeamiento en la Universidad. Semanario Aquí, 15.01.85.


El pluralismo garantiza la riqueza ideológica de la diversidad, la compartida vida universitaria de quienes piensan diferente, la existencia de un marco de tolerancia. El pluralismo es el equivalente espiritual a la biodiversidad que existe en  el planeta y que también es amenazada por el mal uso de los recursos naturales. La investigadora y escritora india Vandana Shiva afirma que


La principal amenaza a la diversidad proviene del hábito de pensar en términos de monocultivos, de lo que he llamado los “monocultivos de la mente”. Estos hacen desaparecer la diversidad de la percepción, y por consiguiente del mundo, La desaparición de la diversidad es también la desaparición de alternativas y da lugar al síndrome NHA (No Hay Alternativa).


¿Quién es dueño de la verdad? Desconfiemos de las recetas y de aquellos que ignoran la duda. Un poeta español define a la gente de hoy como


vivos para dudar,

fuertes para creer,

juntos para cantar.


Deseamos que vuestra vida en estas aulas sea así: dudando, como León Felipe, de las verdades preestablecidas y de los cuentos:


Yo no sé muchas cosas, es verdad.

Digo tan sólo lo que he visto:

Que la cuna del hombre la mecen con cuentos …

Que los gritos de angustia del hombre los ahogan con cuentos …

Que el llanto del hombre lo taponan con cuentos …

Que los huesos del hombre los entierran con cuentos …

Y que el miedo del hombre …

Ha inventado todos los cuentos.

Yo sé muy pocas cosas, es verdad,

Pero me han dormido con todos los cuentos …

Y sé todos los cuentos.


Ojalá escuchen con oídos críticos nuestros cuentos y nos digan muchas  veces que no, ojalá que nos escriban en graffitis no, que están en desacuerdo con nosotros en la discusión democrática, respetando la opinión ajena, estudiando y fundamentando, buscando los caminos  nuevos , los que hay que descubrir porque hay una sociedad que necesita de nosotros. Otro universitario ejemplar, el Arq. Juan Pablo Terra, escribió estas reflexiones acerca de cierta mística en el servicio que se puede dar al hombre:


No de un hombre teórico, con mayúscula, en el vacío de una teoría. Del que “está ahí”: en la calle o en el campo, en el jardín de infantes o en la silla de ruedas del hospital. En el presente, y en el futuro. Una mística de servir a esa gente y de servirla efectivamente.


Han elegido ustedes una carrera a la que le consagrarán lo mejor de vuestro esfuerzo. Ojalá que la abracen con pasión, que el futuro los encuentre haciendo cosas sentidas como propias y que nunca, nunca, al mirar sus manos, tengan que pensar como aquel hombre del poema de Mario Benedetti:


Cosas de uno


Yo digo ¿no?

esta mano

que escribe mil doscientos

y transporte

y enero

y saldo en caja

que balancea el secante

u da vuelta la hoja

esta mano crispada en el apuro

porque se viene el plazo

y no hay tu tía

que suma cifras de otros

cheques de otros

que verdaderamente pertenece a otros

yo digo ¿no?

esta mano

¿qué carajo

tiene que ver conmigo?



Salto, 12 de marzo de 2003.



Arq. Juan C. Ferreira